Maratón de Obras

Logros Con Valor

Entrega Recepción


Inicio

Cuba al desnudo


Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Whatsapp

Opinión

Fernando Belaunzarán

Excelsior

20 de julio · 11:48am


La Revolución ha muerto y la mataron sus creaturas. Sólo queda una empoderada burocracia opresora que recurre hasta el hastío a la misma retórica desgastada y rancia, propia de un mundo que ya no existe, para tratar de justificar su condición de gobernantes sin haber sido elegidos.

Quedan muy pocos de los que lucharon en la guerrilla contra la dictadura de Fulgencio Batista. Ha transcurrido más tiempo del fin de la Guerra Fría a nuestros días que del triunfo militar del Movimiento 26 de Julio a la caída del Muro de Berlín. La inmensa mayoría de los cubanos no ha conocido otra realidad que la de un sistema que impone duras privaciones y niega derechos democráticos, pues el derrumbe del “socialismo real” en la última década del siglo pasado fue, contra todo pronóstico, sorteado por Fidel Castro sin cambios políticos trascendentes.

Advierto que escribo desde el desengaño. La revolución cubana me inspiró desde la adolescencia y fui seducido por el romanticismo revolucionario que auguraba el derrumbamiento de un orden injusto y despiadado, con la promesa de un mundo mejor y una humanidad más solidaria. Aquella utopía se tornó en pesadilla para infinidad de cubanos, a quienes las apolilladas consignas antiimperialistas no sirven de consuelo ante sus carencias.

Las manifestaciones del 11 de julio volvieron a poner a las izquierdas frente al espejo. ¿De qué lado estar? Yo tomo partido por los oprimidos, por quienes salieron a las calles desesperados por la pobreza y la falta de atención médica indispensable en el rebrote de la epidemia, demandando libertad y democracia en valiente desafío al gobierno represor.

¿Cómo respaldar a un régimen que reprime a su pueblo, que le prohíbe no sólo protestar, sino incluso decir lo que piensa? ¿Cómo aceptar los allanamientos para detener disidentes, la aprehensión de periodistas y los cientos de presos políticos? ¿Cómo callar ante los grupos de choque, vestidos de civil y armados con palos, que recuerdan el halconazo mexicano del Jueves de Corpus? ¿Cómo justificar que se criminalice cantar una canción o gritar “patria y vida” que la nombra?

No hay dictaduras buenas y la justicia necesita de libertades y democracia para hacerse presente. Ésa es la lección del fin de la Unión Soviética y de los regímenes de Europa del Este establecidos por el estalinismo. Pero los populismos actuales tienen otros datos y reciclan la narrativa maniquea de “estar con la revolución o ser contrarrevolucionario”, misma que promueve retrocesos autoritarios.

En el México de Andrés Manuel López Obrador basta cambiar el término “revolución” por “transformación” y se percibe el mismo hedor de pensamiento único, intolerante a la crítica y a la discrepancia, que sólo admite la verdad oficial apuntalada con propaganda sobreideologizada que desacredita moralmente a los disidentes.

Por eso no extraña que el gobierno mexicano haya salido a respaldar al régimen, en lugar de aprovechar su interlocución con el gobierno de Miguel Díaz-Canel para propiciar el diálogo como vía de resolución a las legítimas inconformidades y abra la puerta a una impostergable transición pacífica a la democracia que garantice que el futuro de Cuba sea decidido en la isla por los propios cubanos.

Cierto que el embargo, además de injustificable, es un rotundo fracaso tras seis décadas de existencia. No es inocuo como algunos señalan, ni tampoco apocalíptico como denuncia el régimen y sus aliados. La población es afectada de manera directa con restricciones a las remesas y es la principal bandera propagandística de la dictadura para denunciar intervencionismo y culparlo de todos los males. Pero ni de lejos alcanza para justificar la represión contra personas que ejercen sus derechos conculcados a nombre de una ideología que se niega a sí misma porque, en los hechos, perpetúa la opresión que prometió erradicar.

Educación, salud y soberanía son los tres logros que reivindica el régimen cubano. Pueden preservarse en un acuerdo nacional que abra paso a la democracia. Eso sí, educación sin autores prohibidos, salud con medicinas y soberanía abriéndose al mundo. Esos deberían ser objetivos comunes, al igual que las libertades que en México conquistamos y todavía gozamos.

ooo---000---ooo